sábado, 14 de junio de 2008

EL SUEÑO ARGENTINO

Así como en otro país se habla del “sueño americano”, existe también el “sueño argentino”; un ideal ambicionado por un sector de la población que va en progresivo aumento.

El diario Uno, de Mendoza, publica en su edición del 11/06/08 el resultado de una encuesta en la que participan 1.553 personas. El 56% manifestó que le gustaría, o que no tendría inconvenientes, en ser mantenido por el Estado sin prestar a cambio actividad laboral alguna.

Por ser el Estado nada más que un intermediario, el “sueño argentino” implica simplemente la existencia del deseo de ser mantenido por el resto de la sociedad sin tener que trabajar.

Esta actitud se ve estimulada diariamente por los gobernantes que hablan de una “justa distribución de la riqueza” (el producto del trabajo del sector productivo) mientras que poco se habla de la “justa distribución del trabajo”. Se habla siempre de los derechos de cada individuo, pero pocas veces se habla de sus obligaciones, que son precisamente los derechos de los demás. Se pretende hacer creer al pueblo, con fines electorales, que existe un sector perverso (el sector productivo) que acapara todas las riquezas que la providencia ha otorgado a todos por igual.

En los alumnos secundarios vemos claramente cierta desigualdad que surge entre una minoría que trata de aprender y de capacitarse para una futura actividad laboral, y una mayoría que se ilusiona con la “justa distribución” que le prometen los políticos populistas para ver realizado el “sueño argentino”. Los más activos deberán prepararse para producir bienes suficientes para que alcancen para ellos y para los que tienen pocas motivaciones para el estudio y para el trabajo (y para los futuros hijos de éstos).

Aunque esta tendencia sea injusta para algunos, tiene bastante aceptación, ya que se supone que algunos nacieron aptos para el trabajo y la actividad empresarial mientras que otros nacieron ineptos para ello. La actitud que compensaría esta “desigualdad natural” viene asociada a una frase de Louis Blanc, difundida por Karl Marx: “De cada uno según su capacidad; a cada uno según su necesidad”.

La “ética populista” obliga al emprendedor a trabajar con todo su vigor para compensar el trabajo deficitario del poco adepto al trabajo. Se acepta la desigual obligación para la siembra, pero se acepta el igualitario derecho a la cosecha.

El populismo, tan frecuente en los políticos argentinos, puede definirse como la actitud del que “generosamente” trata de distribuir los bienes ajenos buscando la seguridad social del que pretende vivir sin trabajar.

Justamente, si todos quisieran trabajar, y algunos no pudieran hacerlo, habría posibilidad del Estado para ayudar al necesitado. Pero si muchos no quieren trabajar, el sistema se satura y la pobreza generalizada es la consecuencia inmediata.

La Argentina sigue retrocediendo año a año, década a década, siendo el populismo uno de los pilares fundamentales y comunes a los distintos movimientos políticos, incluso a varios gobiernos militares. Las elecciones son ganadas, casi siempre, por el que muestra cierta benevolencia a favor de los pobres y antagonismo hacia los ricos, aceptándose que todos los problemas se solucionarán cuando podamos hacer realidad el “sueño argentino”.



sábado, 19 de mayo de 2007

Algo de Sociología

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ETICA CIENTIFICA

Uno de los cuestionamientos claves para el desarrollo futuro de la humanidad es el de la unificación de ciencia y religión. Y esto ha de ser posible en cuanto seamos capaces de encontrar una ética natural y objetiva, lo que implica lograr una ética científica, es decir, que esté constituida por aspectos observables, verificables y comunicables a todo individuo, de cualquier pueblo y de cualquier época.

El concepto básico para este logro proviene de la Psicología Social y es el concepto de “actitud”. Podemos leer en la Enciclopedia de la Psicología:

“Hemos definido la actitud como una «manera de pensar y de actuar», lo cual constituye una acepción que se aplica habitualmente a esta palabra. En Psicología Social, el término de actitud encierra un significado muy preciso, que lo convierte en el concepto más importante y en uno de los instrumentos esenciales del psicosociólogo”. “Según el psicosociólogo americano Allport, «una actitud es una disposición mental y neurológica, que se organiza a partir de la experiencia y que ejerce una influencia directriz o dinámica sobre las reacciones del individuo respecto a todos los objetos y a todas las situaciones que les corresponden»”. “Las palabras importantes en la definición de Allport son: «directriz» y «dinámica». Es decir, que la actitud se sitúa en el plano del conocimiento y en el plano de la acción” (De “Psicología Social” Tomo 1 – Plaza y Janés Editores SA)

También podemos decir que la Actitud característica, o respuesta característica, de cada persona, en la relación Respuesta/Estímulo, ya que existe la tendencia a responder de igual manera ante iguales circunstancias, al menos durante una determinada etapa de nuestra vida. De ahí que podemos definir a las actitudes en una forma general:

Actitud característica = Respuesta / Estímulo

Es posible clasificar la gran variedad de posibles actitudes del hombre, mediante las cuatro actitudes básicas que a continuación se menciona:



AMOR: Compartir penas y alegrías


EGOISMO: Interesarnos sólo por nosotros mismos


ODIO: Alegrarse de las penas ajenas y
entristecerse por su alegría


NEGLIGENCIA: No interesarnos por nadie, ni por nosotros mismos


En este caso, se ha considerado sólo el aspecto afectivo al considerar las posibles respuestas de las personas, dejando de lado otro tipo de respuesta, como menos importantes o menos relevantes en cuanto a nuestro comportamiento social.

Cualquiera sea nuestra respuesta característica, en mayor o menor grado ha de caer en algunas de las mencionadas divisiones, o bien en más de una, ya que no siempre respondemos de igual forma, debido a la variedad de estímulos posibles, o a la variedad de personas posibles con quienes interactuamos cotidianamente.

Si consideramos a cada una de las actitudes, en periodos largos, podremos concluir con que unas producen efectos deseables y otras producen efectos indeseables, o producirán efectos “buenos” y las otras, efectos “malos”. De ahí que estas actitudes pueden considerarse como las causas primitivas del Bien y del Mal, conceptos que dan sentido a la Ética.



BIEN: Amor

MAL: Odio – Egoísmo - Negligencia



Es importante tener en cuenta nuestras posibles actitudes por cuanto ello nos llevará a tratar de dejar de lado las actitudes negativas, o que producen el Mal, y a tratar de que en nosotros predomine la actitud positiva, que produce el Bien.

El conocimiento de las causas del Bien y del Mal sólo conduce a una especie de “control de calidad” individual, o personal, si bien la orientación individual y social hacia el predominio de la actitud del Bien, sólo se dará como una consecuencia de haber tenido en nuestra mente una descripción del mundo en que vivimos de la cual se pueda inferir cierto sentido de cada una de nuestras vidas.